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El liderazgo que debemos adoptar en la era IA


14 de julio | Por Juan Merodio

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Hace unas semanas estuve dando una conferencia en Madrid a un grupo de directivos. Al terminar, se me acerca el CEO de una empresa mediana, sector industrial, unos 400 empleados. Me da la mano, se acerca al oído y me dice, casi orgulloso: «Juan, ya no necesito reunirme con mis mandos intermedios. Le pregunto a la IA y me dice qué decidir».

Me quedé mirándolo unos segundos. Le dije lo que pensaba. Le dije que acababa de firmar la sentencia de muerte de su empresa, aunque él todavía no lo supiera.

Y no era el primero.

Es el patrón que llevo meses viendo en directivos, consejos de administración e incluso en algunos alumnos que empiezan a jugar con la IA sin haber trabajado antes el músculo del criterio. Se creen que la están usando para mejorar el negocio. En realidad están construyendo su propia Torre de Babel.

liderazgo IA

 

El error de liderazgo que nadie quiere reconocer

La realidad es que la mayoría de proyectos de IA en empresas hoy no fracasan por la tecnología. Fracasan por el modelo de liderazgo que los sostiene.

Y aquí me voy a permitir una referencia que igual te sorprende. Hace poco el Papa León XIV publicó su primera encíclica, con un análisis sobre tecnología y poder que no vas a leer en la mayoría de informes de consultora. Yo no soy nada religioso, pero cuando alguien lanza una idea lúcida sobre lo que está pasando en el mundo, me da igual de dónde venga. Escucho.

El documento plantea una metáfora que me parece brillante para lo que estamos viviendo en el mundo empresarial. Enfrenta dos modelos: Babel y Nehemías.

Babel es el proyecto de imponer una torre desde arriba. Uniformidad, eficiencia, control. Un liderazgo que sacrifica la dignidad de las personas en aras de la eficiencia. Elimina la diversidad, elige la homogeneización. Decide sin escuchar. Ejecuta sin preguntar.

Nehemías es lo contrario. Reconstruye Jerusalén, sí, pero no impone desde lo alto. Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla, escucha los temores, coordina los esfuerzos, hace frente a las oposiciones. Responsabilidad compartida.

¿Sabes cuántos CEOs, directores de operaciones y responsables de transformación digital he visto estos meses construir Babel sin darse cuenta? Casi todos.

 

La trampa de la objetividad

Aquí hay algo que la mayoría de directivos no quiere oír, y lo voy a decir directo: la IA no es neutral. Nunca lo ha sido.

Cuando le preguntas a un modelo cuál es la mejor decisión, no te da una respuesta objetiva. Te da la respuesta que refleja los parámetros de quienes lo entrenaron, los datos con los que fue alimentado y los sesgos culturales de los ingenieros que decidieron qué era relevante y qué no. La misma encíclica lo dice mejor que yo: la impresión de objetividad que estos sistemas suscitan corre el riesgo de hacernos olvidar que sus respuestas reflejan los parámetros culturales de quienes las han proyectado y adiestrado.

Traducido al día a día empresarial: cuando aquel CEO industrial me dijo que ya no necesitaba a sus mandos intermedios, no estaba delegando en la IA. Estaba delegando en las decisiones que otros habían codificado dentro de la IA. Y esas decisiones venían de contextos, culturas y prioridades que no tenían nada que ver con su negocio, con su equipo ni con su mercado.

Esto lo veo constantemente en empresas que están escalando su uso de IA sin criterio propio. Se creen que están automatizando. En realidad están externalizando su juicio a un sistema que no conoce ni a sus clientes ni a su gente.

Y eso, con perdón, no es transformación digital. Es rendición.

 

El poder que está cambiando de manos

Y aquí viene la parte incómoda. Nunca en la historia reciente ha habido tan pocas empresas concentrando tanto poder decisional sobre tantos negocios.

Un puñado de compañías y plataformas definen hoy las condiciones de acceso a la información, las reglas de visibilidad de tu marca, las formas de relación con tus clientes e incluso qué oportunidades económicas son posibles y cuáles no. La ola bursátil alrededor de la IA que estamos viendo estos meses no es un fenómeno aislado. Amplifica esa concentración hasta niveles que hace tres años eran impensables.

¿Y qué hacen la mayoría de directivos ante esto? Aceptar las reglas del juego sin cuestionarlas. Firmar contratos anuales con proveedores de IA sin entender qué implica esa dependencia. Automatizar procesos completos sin conservar la capacidad interna de tomar decisiones cuando el sistema falla o cuando el proveedor sube el precio un 40% de la noche a la mañana.

Es como poner el motor del coche en manos de otro y esperar sinceramente que ese otro sepa a dónde tú quieres ir. No lo sabe. Y no le importa demasiado.

 

Lo que estamos viendo desde TEKDI

En la comunidad de TEKDI llevo meses insistiendo en una idea que a algunos les incomoda: la IA no reemplaza el criterio humano. Lo amplifica. Si tienes criterio, te ayuda a decidir mejor. Si no lo tienes, te ayuda a equivocarte más rápido y a mayor escala.

Los directivos que están sacando valor real de la IA hoy no son los que la usan para decidir por ellos. Son los que la usan como un miembro más del equipo, uno muy potente, sí, pero al que hay que darle contexto, retarle, contrastar sus propuestas con la realidad del negocio y estar dispuesto a decirle que se equivoca.

Es exactamente el modelo Nehemías. Coordinar, escuchar, distribuir responsabilidad, sostener el juicio propio. No es que la tecnología sea el enemigo. Es que sin liderazgo humano detrás, la tecnología se convierte en una avalancha que arrasa con todo, incluso con quien la puso en marcha.

 

Los que lo están haciendo bien

He visto empresas hacerlo bien. Pocas, pero las hay. Directivos que antes de meter IA en un proceso se sientan con el equipo y preguntan tres cosas incómodas.

¿Qué parte de esta decisión no queremos automatizar nunca?

¿Qué error nos costaría más caro que cualquier ahorro de eficiencia?

¿En qué momento del proceso un humano tiene que estar obligatoriamente en la sala, aunque sea más lento?

Ese ejercicio, tan simple, marca la diferencia entre construir Babel o Nehemías.

Y no hablo de multinacionales con departamentos enteros dedicados a esto. Hablo de pymes con veinte empleados que se toman en serio la pregunta. He visto negocios pequeños tomar mejores decisiones sobre IA que corporativos con presupuestos de siete cifras. La diferencia no está en el dinero. Está en el liderazgo. Punto.

 

El momento en el que estamos

Estamos en un momento raro. Muy raro. La tecnología avanza más rápido que la capacidad de la mayoría de organizaciones para digerirla. Se están tomando decisiones ahora que van a condicionar cómo funcionan las empresas durante los próximos diez o quince años. Y la mayoría de esas decisiones se están tomando mal. Con miedo. Con prisas. O con la ilusión ingenua de que la IA va a resolver problemas que en realidad son problemas de liderazgo.

Déjame ser directo: si tu manera de implantar IA consiste en comprar herramientas y esperar que ellas cambien tu empresa, estás construyendo Babel. Y las Babels de la historia siempre acaban igual.

Si en cambio estás usando la IA para reforzar el criterio de tu gente, para coordinar mejor, para distribuir responsabilidad en lugar de concentrarla, para escuchar más y decidir con más contexto, entonces estás construyendo Nehemías. Y esas empresas son las que van a estar aquí dentro de diez años.

 

La decisión que tienes por delante

Aquí no hay término medio. O tomas el control humano de tus procesos de IA, o alguien lo va a tomar por ti. Y ese alguien, ya sea un algoritmo, un proveedor externo o una plataforma que ni siquiera conoces, no tiene por qué tener tus intereses en cuenta.

La pregunta no es si vas a usar IA. Eso ya está decidido por el mercado.

La pregunta es qué tipo de líder vas a ser mientras la usas.

Uno que construye torres para no tener que hablar con nadie.

O uno que reparte tramos de muralla y confía en su gente.

Elige.

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Juan Merodio


Juan Merodio es conferenciante internacional y emprendedor en innovación, IA y negocio. Con más de 20 años creando y liderando empresas, ha impartido más de 1.000 conferencias en España, Estados Unidos, Japón y Latinoamérica. Fundador de TEKDI y autor de 16 libros. Pero si algo lo define no es su currículum, sino su capacidad para ver lo que viene… y construirlo antes que nadie.

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