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Cuando la IA te manda una factura de 500 millones de dólares


16 de junio | Por Juan Merodio

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La semana pasada me llegó un mensaje de un directivo que conozco de TEKDI. Corto, sin contexto: «Juan, ¿has visto lo de la factura de Anthropic?». No había visto nada. Fui a buscarlo y tardé un minuto en entender lo que estaba leyendo.

Una empresa —cuyo nombre nadie ha confirmado oficialmente, pero que circula con suficiente credibilidad como para que la industria se lo haya tomado en serio— había recibido una factura de quinientos millones de dólares en un solo mes por uso de Claude. No es un error de tecleo. Quinientos millones. En tokens.

Alguien en Twitter lo puso en perspectiva con la brutalidad justa: eso son cinco jets privados, dos superyates o una isla. Vaporizados. Convertidos en prompts.

el precio de la ia

 

El error fue la ausencia de criterio

Lo primero que piensa cualquiera al leer esto es que alguien ha cometido un error monumental. Que un empleado se volvió loco, que un departamento perdió el norte, que algo falló.

Pero aparentemente no hubo ningún error técnico. La historia, según circula, es mucho más sencilla y mucho más reveladora: alguien tomó la decisión de ofrecer licencias de Claude a todos los usuarios de la compañía sin establecer ningún tipo de límite. Sin topes de consumo, sin métricas de uso, sin ningún criterio que conectara el gasto con el resultado.

Y aquí viene el contexto que lo explica todo: estamos en plena era del tokenmaxxing. Una dinámica absurda, pero real, en la que el volumen de tokens consumidos se ha convertido en una especie de señal de status. Como si usar más inteligencia artificial fuera, por definición, ser más innovador. Como si el contador de tokens midiera inteligencia en lugar de medir humo.

Cuando mezclas esa dinámica con acceso ilimitado y sin fricción, el resultado es predecible. No hace falta que nadie cometa un error. Basta con que nadie haga la pregunta correcta.

 

Microsoft también está empezando a contar

No es un caso aislado. Esta semana Microsoft ha comenzado a cancelar licencias de Claude Code a miles de sus trabajadores, pidiéndoles que migren a GitHub Copilot CLI. Y la razón no es solo apostar por producto propio, aunque eso también influye.

La razón de fondo es que la idea original —dar acceso a Claude Code a toda la plantilla, independientemente de si esa persona desarrolla software o no— tenía una justificación muy difícil de sostener cuando te pones a mirar los números con honestidad. Incluso una compañía que ha invertido miles de millones en inteligencia artificial y que tiene la piel en el juego está empezando a preguntarse qué herramientas usa, cuánto cuestan y qué valor generan realmente.

Esto no es un síntoma de desencanto. Es exactamente lo contrario.

 

La IA tiene un problema de percepción del coste

La inteligencia artificial generativa tiene una característica que la diferencia de casi cualquier otra inversión tecnológica: parece barata.

La interfaz es una caja de texto. Formular una pregunta es tan sencillo que la mente no registra que hay una infraestructura enorme detrás. Computación, almacenamiento, contexto, herramientas externas, modelos cada vez más complejos procesando cada interacción. Durante mucho tiempo ese coste permaneció relativamente oculto, absorbido por presupuestos de experimentación o simplemente ignorado en nombre de la innovación.

Ahora empieza a aparecer en las cuentas de resultados. Y eso lo cambia todo.

Es como cuando una empresa instala una máquina de café de alta gama en cada planta del edificio sin medidor de consumo. Al principio nadie lo cuestiona. Es un beneficio, es modernidad, es cultura. Hasta que llega la factura de la luz.

 

El fin de la fase del entusiasmo

Lo que estamos viendo no es que las empresas estén dejando de creer en la inteligencia artificial. Es que empiezan a tratarla como lo que es: una inversión empresarial, con las mismas exigencias que cualquier otra.

Durante los últimos dos años, la pregunta dominante en prácticamente todas las organizaciones que he visitado —y he pasado por muchas, desde grandes corporaciones hasta pymes que intentan entender qué hacer con todo esto— ha sido la misma: ¿estáis usando inteligencia artificial? Como si el simple hecho de usarla fuera suficiente. Como si la respuesta afirmativa te pusiera automáticamente en el bando correcto.

Esa pregunta está cambiando. La que empieza a hacerse ahora es diferente: ¿merece la pena usar inteligencia artificial para esta tarea concreta? ¿Qué resultado produce? ¿Cuánto cuesta producirlo? ¿Cuánto costaría producirlo sin IA?

Puede parecer un matiz menor. No lo es. Marca el final de la fase de entusiasmo y el comienzo de la fase de gestión.

 

Las compañías que ganarán no serán las que más usen IA

Esta es la verdad que más cuesta aceptar en un momento en el que todo el mundo habla de adopción, de escala, de democratizar el acceso.

Las compañías que obtendrán valor real de la inteligencia artificial no serán las que más tokens consuman. Serán las que sean capaces de integrarla en procesos concretos, medir resultados con honestidad y eliminar todo aquello que genere consumo sin generar impacto. Eso requiere algo que no se compra con ninguna licencia: criterio.

En TEKDI llevamos tiempo insistiendo en esto con los profesionales y directivos que forman parte de la comunidad. No basta con saber usar las herramientas. Hay que saber cuándo usarlas, para qué usarlas y, sobre todo, cómo medir si están funcionando. La inteligencia artificial sin criterio empresarial es exactamente eso: tokens que se vaporizan en la nada.

 

Lo que demuestra la factura de 500 millones

No demuestra que la inteligencia artificial esté fracasando. Ni que sea demasiado cara. Ni que los proveedores estén abusando.

Demuestra que, por primera vez, alguien está empezando a contar. Y cuando empiezas a contar, te das cuenta de que muchas de las cosas que estabas haciendo con IA no estaban conectadas con ningún resultado medible. Estaban conectadas con la sensación de estar haciendo algo.

Las tecnologías verdaderamente importantes sobreviven precisamente a este momento. Cuando dejan de justificarse mediante promesas y empiezan a justificarse mediante resultados. El cloud lo pasó. El móvil lo pasó. La IA lo está pasando ahora.

La pregunta es si tu empresa va a atravesar esa transición con criterio o va a esperar a que le llegue su propia factura de 500 millones para empezar a hacerse las preguntas que tenía que haberse hecho hace doce meses.

Puedes seguir midiendo el éxito en tokens consumidos. O puedes empezar a medirlo en decisiones mejores, procesos más eficientes y resultados que aparezcan en el balance.

Las dos opciones están sobre la mesa. Solo una de ellas tiene futuro.

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Juan Merodio


Juan Merodio es conferenciante internacional y emprendedor en innovación, IA y negocio. Con más de 20 años creando y liderando empresas, ha impartido más de 1.000 conferencias en España, Estados Unidos, Japón y Latinoamérica. Fundador de TEKDI y autor de 16 libros. Pero si algo lo define no es su currículum, sino su capacidad para ver lo que viene… y construirlo antes que nadie.

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