Herramientas de marketing para el negocio
13 de febrero 2025
23 de enero | Por Juan Merodio
En las últimas semanas hemos visto titulares que, para muchos, han pasado casi desapercibidos, pero que para quien analiza de verdad la transformación de los modelos de negocio son una señal clara de lo que está por venir. McKinsey anunciaba un recorte cercano al 10 % de su plantilla. Y no, no es un ajuste puntual ni una consecuencia aislada de un ciclo económico más débil. Es el síntoma visible de un problema mucho más profundo: el modelo tradicional de la consultoría estratégica está entrando en una fase de agotamiento acelerado.
Llevo tiempo advirtiéndolo: la inteligencia artificial no solo está cambiando productos, procesos o canales de venta. Está erosionando directamente modelos de negocio completos que se construyeron sobre una ventaja que ya no existe. Y la consultoría clásica es uno de los ejemplos más claros.
Durante décadas, las grandes firmas de consultoría vivieron cómodamente instaladas en una enorme asimetría de información. Tenían acceso privilegiado a benchmarks, estudios sectoriales, frameworks propietarios, metodologías “secretas” y, sobre todo, a una capacidad de análisis basada en ejércitos de analistas junior procesando datos sin descanso.
El mensaje implícito para las empresas era claro: si quieres pensar más rápido y mejor que tu competencia, necesitas una consultora. Y durante muchos años fue cierto.
Hoy, ese diferencial ha desaparecido casi por completo.
Un directivo mínimamente formado, con criterio de negocio y acceso a herramientas de inteligencia artificial generativa, puede obtener en minutos análisis comparables a los que antes requerían semanas de trabajo y facturas de seis cifras. Modelos que sintetizan información, cruzan fuentes, generan escenarios, identifican riesgos y proponen alternativas estratégicas con un nivel de sofisticación que, hace solo cinco años, parecía ciencia ficción.
La IA no solo acelera el análisis. Democratiza el pensamiento estratégico.
Aquí es donde muchos se equivocan al analizar el impacto de la inteligencia artificial. No estamos hablando únicamente de automatizar tareas o reducir costes operativos. Estamos hablando de la comoditización del núcleo del negocio de la consultoría estratégica.
Si el valor estaba en “pensar”, y ahora pensar es barato, rápido y accesible, el problema no es coyuntural: es estructural.
Como ya he explicado en otras ocasiones al analizar el colapso del modelo de horas facturables y la fragilidad de la clásica pirámide de consultoría, la IA ataca directamente la base del sistema. Reduce drásticamente la necesidad de grandes equipos junior, debilita la justificación del precio por hora y cuestiona la propia lógica de vender documentos y presentaciones como “alto valor añadido”.
Los despidos no son el problema. Son la consecuencia.
Pero aquí viene la parte más interesante —y más incómoda para muchos—. El gran problema de las empresas hoy no es que no sepan qué hacer. Es que no consiguen hacerlo.
Vivimos rodeados de estrategias brillantes, roadmaps de inteligencia artificial impecablemente diseñados y presentaciones que prometen ventajas competitivas extraordinarias. Sin embargo, cuando bajamos al terreno real, la mayoría de iniciativas se quedan atascadas en pilotos eternos que nunca escalan.
Esto que durante años se llamó implementation gap ha dejado de ser una molestia gestionable para convertirse en una amenaza existencial. Porque en un entorno donde los modelos mejoran con el uso, los datos y el tiempo, no ejecutar rápido significa quedarse fuera del juego.
Hoy la ventaja competitiva no está en tener la mejor idea, sino en ser capaz de convertirla en un sistema que funciona en producción, que usan las personas y que cambia decisiones reales.
Y es aquí donde el modelo clásico de consultoría muestra todas sus carencias.
Diseñar una visión, definir un marco estratégico o identificar oportunidades es relativamente sencillo. Lo verdaderamente difícil es:
La inteligencia artificial no fracasa por falta de ideas. Fracasa porque las organizaciones no están preparadas para absorberla. Y ese trabajo exige perfiles, capacidades y mentalidades muy diferentes a las que tradicionalmente han dominado las grandes firmas estratégicas.
Aquí no gana quien hace la mejor presentación. Gana quien ensucia las manos.
Qué tipo de socios están eligiendo las empresas que sí avanzan
Las organizaciones que están logrando avances reales en inteligencia artificial están cambiando radicalmente el tipo de socios con los que trabajan. Ya no buscan “gurús” del pensamiento estratégico. Buscan equipos obsesionados con la ejecución.
¿Qué están priorizando?
El peso de la marca importa cada vez menos. Lo que importa es la capacidad demostrada de llevar soluciones a producción sin paralizar la organización.
A medida que avanzamos en 2026, hay una pregunta que los consejos de administración deberían hacerse con urgencia:
¿Quién nos va a ayudar a convertir nuestra estrategia de inteligencia artificial en sistemas reales que funcionen?
No se trata de definir otra estrategia más. Esa fase está superada. Se trata de identificar quién tiene la capacidad —y la experiencia— de ejecutar sin bloquear la organización.
Porque la consultoría que no sepa ejecutar está condenada a adelgazar o desaparecer. Y las empresas que sigan comprando pensamiento sin exigir implementación están asumiendo un riesgo que, esta vez, no podrán justificar como un simple retraso.
La inteligencia artificial no espera. Y el mercado tampoco.
FAQs – Preguntas frecuentes sobre consultoría e inteligencia artificial
Juan Merodio
Juan Merodio es conferenciante internacional y emprendedor en innovación, IA y negocio. Con más de 20 años creando y liderando empresas, ha impartido más de 1.000 conferencias en España, Estados Unidos, Japón y Latinoamérica. Fundador de TEKDI y autor de 16 libros. Pero si algo lo define no es su currículum, sino su capacidad para ver lo que viene… y construirlo antes que nadie.
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