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El Futuro del trabajo con la IA


29 de julio | Por Juan Merodio

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Hace unos días, en una sesión de TEKDI, un empresario me interrumpió con una frase que a estas alturas se ha convertido en una especie de mantra corporativo. «Juan, en mi empresa ya usa IA todo el mundo. Estamos al día.» Sonrió. Estaba satisfecho. Esperaba, imagino, que yo asintiera y pasáramos al siguiente tema.

Le respondí con una pregunta que no le gustó tanto.

«¿Y cuántos la están usando de verdad?»

Silencio. De esos silencios que confirman que la pregunta ha tocado fibra.

Porque cuando dices «en mi empresa usamos IA», en la inmensa mayoría de los casos lo que estás describiendo es que tu equipo abre una ventana de chat, le pide que redacte correos, resuma reuniones y prepare un borrador de propuesta. Y ya. Bienvenido al club. Junto con casi todo el planeta.

Aquí es donde empieza el problema serio. El que nadie está queriendo mirar de frente.

futuro trabajo con IA

Una de las grandes compañías del sector publicó una investigación hace unos meses que a mí me obsesionó durante semanas. La resumo directo, sin adornos: hay una minoría muy pequeña de usuarios que está sacando a las herramientas de IA hasta siete veces más rendimiento que la media. Siete. No un 20 % más. No el doble. Siete veces.

Y esa minoría no está formada por ingenieros del MIT ni por doctorados en informática. Está formada por gente normal, en empresas normales, que ha decidido, casi siempre por su cuenta, aprender a usar la herramienta en serio.

Piénsalo un momento. Si en tu empresa cien personas están usando IA, hay aproximadamente veinte que están rindiendo como si fueran ciento cuarenta. Y ochenta que están rindiendo como ochenta. Y todavía estás pagando la misma nómina, la misma licencia y la misma factura de electricidad para el mismo café por las mañanas.

Esa brecha, esa distancia silenciosa entre los que sacan un 100 % de la herramienta y los que sacan un 15 %, es probablemente la mayor palanca de crecimiento que tienes hoy encima de la mesa. Y no la estás tocando.

 

Es como comprar un Steinway para tocar el Cumpleaños Feliz

Voy a soltarte una metáfora que uso mucho en las conferencias y que a la gente se le queda pegada.

La mayoría de empresas hoy están usando la IA como si hubieran comprado un piano de cola Steinway para tocar el Cumpleaños Feliz con un dedo. La herramienta está ahí, en mitad del salón, ocupando espacio, costando dinero, impresionando a las visitas. Pero lo que sale de ella es una melodía que podrías haber tocado con un juguete de veinte euros.

Y esto lo veo constantemente. Empresas que pagan licencias corporativas, que han montado formaciones internas, que han lanzado circulares diciendo «úsalo, es obligatorio», y que al mirar los resultados se encuentran con que el equipo la está usando para lo que ya sabía hacer solo. Correos algo más rápidos. Actas algo más ordenadas. PowerPoints algo menos horrorosos.

Bien está, pero no es nada.

La realidad es que la fluidez en IA de la que hablábamos hace dos años, esa de «sé escribir un prompt decente», ha dejado de ser una ventaja. Es un mínimo. Como saber usar el correo electrónico en 2005. Nadie te contrataba por saber mandar un email. Te contrataban porque, además de eso, sabías hacer otras cosas encima.

Pues estamos ahí. Otra vez.

 

Los que rinden siete veces más hacen algo raro (y muy revelador)

Hace poco, un empresario tecnológico me contaba una observación de su empresa que me pareció fascinante. Tienen unas ciento cincuenta personas usando IA a diario. Y él, por curiosidad, se puso a analizar qué diferenciaba a las cinco o seis personas que estaban rindiendo muy por encima de la media.

No era la edad. No era el departamento. No era el puesto. No era ni siquiera el nivel de estudios.

Era algo casi anecdótico. Todos, sin haberse puesto de acuerdo, sin ninguna instrucción de la empresa, sin siquiera comentárselo entre ellos, le habían puesto nombre a su IA. No trabajaban con «el asistente» ni con «la herramienta». Trabajaban con Nova. Con Corey. Con Sofía.

La primera vez que oí esa historia me hizo gracia. La segunda vez que la escuché contada por otro empresario me pareció una casualidad curiosa. La tercera vez ya no lo era.

Lo que hay debajo de ese detalle es algo mucho más profundo. Esas personas no han comprado una herramienta. Han construido una relación de trabajo. La conocen. Saben cómo se equivoca. Saben cómo la enderezan. Saben lo que le tienen que aportar de contexto y lo que no. La han educado en su tono, en su historial, en sus manías. La usan de sparring, no de becario.

Y ahí está la diferencia entre sacar un 15 % y sacar un 700 %.

La mayoría de tu equipo la está tratando como una herramienta que se enciende, se usa y se apaga. Como una calculadora. Los que están rindiendo de verdad la están tratando como un compañero de trabajo al que uno aprende a conocer con el tiempo. Es un cambio de marco mental completo. Y no cuesta un euro.

Nota inteligente: haz esta semana un experimento en tu empresa. Sin anunciarlo. Pregúntale a cinco personas de tu equipo, elegidas al azar, cuánto tiempo llevan usando IA a diario, para qué la usan y qué han dejado de hacer desde que la usan. Si la mayoría te dice «para redactar mejor los correos» o «para resumir reuniones», ya tienes el diagnóstico. Estás en la zona baja de la curva. Y la buena noticia es que ese es el punto exacto donde el margen de mejora es más grande.

El emprendedor que dirige tres empresas con un ordenador y una idea

Hace unos meses conocí a un empresario, de esos que aparecen ahora en el mercado como setas después de la lluvia, que dirigía simultáneamente tres compañías distintas. Tres. No pequeños proyectos paralelos. Tres empresas facturando, con clientes reales, con procesos operativos.

Le pregunté cuánta gente tenía contratada. Me contestó que dos personas de confianza y un ecosistema de agentes de IA. Y lo dijo sin darle importancia, como quien dice «tengo dos coches y una bici».

Antes de que pienses «vale, otro caso raro que no aplica a mi negocio», déjame ser directo. Aplica. Aplica a cualquier empresa. Incluida la tuya.

Porque lo relevante de ese caso no es que él tenga tres empresas con dos personas. Lo relevante es que tú, con tu equipo actual, con tu tamaño actual, con tus recursos actuales, probablemente podrías estar rindiendo como si fueras dos o tres veces más grande si cerraras la brecha interna de aprovechamiento. Sin contratar. Sin invertir en más licencias. Sin cambiar de herramienta.

Solo enseñando a tu gente a usar bien lo que ya tiene delante.

Y ojo, no estoy hablando de sustituir a nadie. Estoy hablando exactamente de lo contrario. De liberar horas de tu equipo de las tareas que a nadie le apetece hacer para que puedan dedicar esas horas a lo que sí importa. Pensar. Conversar con clientes. Diseñar. Cuidar. Vender bien.

Lo que veo en las empresas donde esto funciona no es menos gente. Es la misma gente haciendo cosas nuevas que antes no cabían en su calendario.

 

Y aquí es donde el liderazgo se juega el partido

Voy a decir algo que probablemente incomode a más de un directivo que me lea.

Si en tu empresa hay una brecha de aprovechamiento del 700 % entre la minoría que domina la IA y la mayoría que la sobrevuela, y tú no te has enterado, tenemos un problema de liderazgo. No de tecnología. No de presupuesto. No de talento. De liderazgo.

Porque la primera responsabilidad de un líder ahora mismo no es comprar la mejor herramienta del mercado, ni firmar el contrato más grande con el proveedor más de moda. Es mirar hacia dentro. Ver quién en tu equipo ya está en la parte alta de la curva. Entender qué hace distinto. Y diseñar una manera de que ese conocimiento se contagie al resto.

Es un problema de escuela, no de compra.

Y lo bonito, lo verdaderamente bonito de este momento, es que la palanca está al alcance de todos. No hace falta tener el presupuesto de una multinacional para hacer que tu equipo suba dos o tres escalones en el aprovechamiento de la IA en los próximos seis meses. Hace falta prioridad. Hace falta constancia. Y hace falta que tú, como líder, tomes en serio que esto no es una moda de departamento de innovación, sino la principal palanca de productividad que hay hoy en la mesa.

 

La decisión es tuya, y es más simple de lo que parece

La decisión que tienes por delante no es si vas a usar IA en tu empresa. Eso ya está resuelto, quieras o no.

La decisión es si vas a permitir que tu empresa siga siendo, dentro de un año, un lugar donde ocho de cada diez personas usan una herramienta extraordinaria para hacer cosas ordinarias. O si vas a ser el líder que decidió, este trimestre, cerrar esa brecha.

Solo una de las dos opciones te lleva a algún sitio.

Y mira, no es un trabajo enorme. No requiere contratar a un consultor caro. No requiere cambiar de plataforma. Requiere identificar a las tres o cuatro personas de tu equipo que ya están rindiendo por encima de la media, entender qué hacen distinto, y montar dentro de tu empresa una manera continua de que ese conocimiento se propague. Un grupo interno. Sesiones semanales de treinta minutos. Casos compartidos. Nada más.

En seis meses tienes otra empresa.

Y no me refiero a otra empresa metafórica. Me refiero a una empresa que rinde como si fuera dos veces más grande. Con la misma nómina. Con el mismo espacio. Con las mismas personas.

Esa es la palanca. Y está esperándote.

Ahora dime una cosa, y te vas.

¿Cuánto tiempo llevas sin sentarte a ver, con nombres y apellidos, quién en tu equipo ya está aprovechando la IA de verdad?

Si la respuesta es «nunca», ya sabes por dónde empezar el lunes.

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Juan Merodio


Juan Merodio es conferenciante internacional y emprendedor en innovación, IA y negocio. Con más de 20 años creando y liderando empresas, ha impartido más de 1.000 conferencias en España, Estados Unidos, Japón y Latinoamérica. Fundador de TEKDI y autor de 16 libros. Pero si algo lo define no es su currículum, sino su capacidad para ver lo que viene… y construirlo antes que nadie.

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