Cómo he creado mi cerebro digital con IA
12 de febrero 2026
21 de octubre | Por Juan Merodio
Hace un par de semanas, en una sesión con directivos en Valencia, un empresario que lleva veinte años al frente de una ingeniería de instalaciones me enseñó en el móvil, con una sonrisa que no le cabía en la cara, el cuadrante de personal de su empresa para el año que viene, con cuarenta electricistas más contratados para la obra de un centro de datos que se está levantando a pocos kilómetros, sueldos que hace tres años habrían sido impensables y una cartera de pedidos que le obligaba a decir que no a clientes de toda la vida, y cuando terminó de enseñármelo le pregunté cuántos de esos cuarenta seguirían con él cuando la obra terminara y qué iban a saber hacer entonces que hoy no saben.
Se quedó mirando la pantalla.
No lo había pensado, y no porque sea mal empresario, que no lo es, sino porque cuando el trabajo te desborda lo último que te paras a pensar es qué tipo de trabajo estás creando, y esa es precisamente la pregunta que quiero ponerte hoy encima de la mesa.
The Economist publicó hace poco un análisis con un titular que a muchos nos ha dado un respiro después de dos años escuchando hablar del apocalipsis del empleo: por ahora, la inteligencia artificial está creando más puestos de trabajo de los que destruye. En Estados Unidos se calcula que se han generado alrededor de un millón de empleos relacionados con la IA frente a unos 200.000 despidos atribuidos directamente a ella, y buena parte de ese millón viene del enorme auge en la construcción de centros de datos, que tira de electricistas, instaladores, técnicos de climatización, gente de energía y cuadrillas de obra a un ritmo que nadie había visto en mucho tiempo.
Es una buena noticia, y conviene decirlo así, sin peros de entrada.
Ahora bien, Enrique Dans se hacía en su blog la pregunta que me parece la importante de verdad, y es que contar puestos sin mirar qué hay dentro de cada uno es como comparar una caja de bombones con una caja de herramientas porque las dos pesan un kilo. El millón y los 200.000 no se han medido con el mismo criterio, porque uno suma infraestructura y puestos nuevos y el otro solo cuenta despidos atribuidos explícitamente a la IA, y sobre todo un puesto de electricista en la obra de un centro de datos, por bien pagado que esté, no tiene nada que ver con el primer trabajo de un graduado que empieza una carrera de treinta años, ni en formación, ni en continuidad, ni en posibilidades de crecer.
Y hay un dato que me hizo levantar la vista del artículo: entre 2022 y 2024, el empleo a tiempo completo cayó 6,6 puntos entre los graduados de los campos más expuestos a la IA, frente a 1,5 puntos en los menos expuestos. No demuestra que la causa sea la inteligencia artificial, y el propio Dans lo dice, pero sí demuestra algo que veo constantemente en las empresas con las que trabajo: el mercado puede crecer en cifras globales mientras la puerta de entrada se estrecha para mucha gente.
Déjame ser directo: la conversación sobre IA y empleo está mal planteada, y está mal planteada porque solo miramos el marcador.
Un puesto de trabajo es una silla en la que alguien se sienta mientras dura el proyecto, mientras que una carrera es una escalera por la que esa persona sube año a año, peldaño a peldaño, aprendiendo de quien está un poco más arriba, equivocándose en cosas pequeñas antes de que le dejen tocar las grandes, y acumulando un criterio que ninguna empresa puede comprar hecho en el mercado. Cuando una compañía deja de contratar becarios porque el chatbot redacta los informes iniciales igual de bien, o cuando decide que el trabajo de análisis de nivel de entrada lo hace ya una herramienta, lo que se ahorra a corto plazo es una silla, pero lo que pierde sin darse cuenta es el primer peldaño de la escalera por la que iban a subir sus directivos dentro de diez años.
Es como talar el vivero para ahorrar agua y luego preguntarse de dónde van a salir los árboles del bosque.
Brynjolfsson ya lo señalaba en 2025 y Dans lo ha repetido varias veces: si hoy no contratas perfiles junior ni los formas en el propio trabajo, ya veremos de dónde salen los seniors del futuro. Y mira, a mí esto no me parece una amenaza, me parece la mayor oportunidad de diferenciación que van a tener las pymes en la próxima década, porque mientras muchas grandes empresas se lanzan a recortar la base de la pirámide para cuadrar el trimestre, la empresa pequeña que siga formando gente va a tener algo que las demás tendrán que pagar a precio de oro.
En TEKDI tenemos algo más de 2.700 miembros, la mayoría dueños de pequeñas y medianas empresas, y lo que yo estoy viendo en los que mejor están usando la IA no es que contraten menos, sino que han cambiado lo que le piden a la persona que entra. Antes el junior pasaba sus dos primeros años haciendo el trabajo mecánico, el que nadie quería, y aprendía por ósmosis mientras lo hacía, porque al preparar cien presupuestos acababa entendiendo cómo piensa un cliente. Ahora ese trabajo mecánico lo hace la máquina en minutos, y si no rediseñas el puesto, la persona que entra se queda sin la escuela informal que antes venía incluida en el sueldo.
Hablando hace poco con la dueña de una gestoría de Pamplona, alumna de TEKDI, me contó que había decidido seguir contratando dos personas en prácticas cada año aunque la IA pudiera hacer buena parte de su tarea inicial, con una condición que me pareció brillante: cada junior revisa todo lo que produce la herramienta, explica por escrito por qué cambiaría algo antes de enviarlo, y una vez a la semana se sienta treinta minutos con la gestora más veterana a repasar esas correcciones. Su argumento era sencillísimo. La IA le ahorra el trabajo repetitivo, y ella invierte ese tiempo ahorrado en acelerar el aprendizaje del junior, que ahora en un año sabe lo que antes tardaba tres en aprender.
No ha reducido plantilla. Ha comprimido la escalera.
Y aquí viene lo interesante, porque esto no va solo de oficinas y graduados. Los empleos que está generando la construcción de centros de datos son temporales, ligados a proyectos y dependientes de un ritmo de inversión que nadie puede garantizar, pero eso no significa que tengan que acabar en nada. El empresario de Valencia del principio, cuando le di unas vueltas a mi pregunta, me escribió a los pocos días contándome que iba a emparejar a cada electricista nuevo con uno de sus oficiales veteranos y que les iba a pagar la certificación en sistemas de energía y climatización para centros de datos, que es justo el mantenimiento que se va a necesitar durante los próximos veinte años cuando las grúas se hayan ido.
La obra se acaba. La certificación y el oficio se quedan.
Esa es la diferencia entre contratar brazos para un proyecto y construir profesionales para tu empresa, y es una decisión que tomas tú, no la inteligencia artificial.
Hay dos visiones muy distintas en el propio The Economist, que en mayo advertía a los gobiernos de que se prepararan antes de que hubiese pruebas concluyentes del impacto en áreas como el desarrollo de software, y en septiembre describía con optimismo la foto actual del empleo, y no se contradicen, porque simplemente miran horizontes diferentes. Lo que ves hoy es una ola de contratación para levantar infraestructura; lo que todavía no ves es qué pasa cuando la IA esté integrada en el día a día de bancos, despachos, consultoras, editoriales y departamentos de administración, que es donde trabaja la inmensa mayoría de la gente que me lee.
¿Sabes cuál es el error? Pensar que esa segunda fase te va a pillar como espectador.
Cada empresa, por pequeña que sea, va a decidir en los próximos meses si usa el tiempo que le ahorra la IA para reducir la base de su equipo o para formar mejor y más rápido a quienes la componen, y esa decisión, multiplicada por millones de empresas, es la que de verdad va a determinar si estamos creando puestos o creando carreras.
Antes de publicar una oferta o de decidir que un puesto ya no hace falta, pregúntate qué sabrá hacer esa persona dentro de un año que hoy no sabe, quién de tu equipo se va a encargar de enseñárselo y con qué tiempo, y qué parte del trabajo mecánico que antes servía de escuela vas a sustituir por otra forma de aprender, porque si no tienes respuesta para las tres, no estás abriendo una carrera, estás alquilando una silla.
Y alquilar sillas está bien durante una temporada. El problema llega cuando te das cuenta de que en tu empresa ya no queda nadie subiendo la escalera.
Así que tienes dos caminos delante. Puedes hacer lo que hará la mayoría, que es celebrar las cifras globales, recortar los puestos de entrada porque la herramienta lo hace más barato y confiar en que dentro de diez años el mercado te venda los directivos que necesites, o puedes hacer lo que harán los listos, que es usar cada minuto que te ahorra la IA para que tu gente aprenda más rápido de lo que ha aprendido nunca nadie en tu sector.
Los primeros tendrán una plantilla barata y un banquillo vacío.
Los segundos tendrán la cantera que todos querrán fichar.
Empieza esta semana por la persona más nueva de tu equipo.
Juan Merodio
Juan Merodio es conferenciante internacional y emprendedor en innovación, IA y negocio. Con más de 20 años creando y liderando empresas, ha impartido más de 1.000 conferencias en España, Estados Unidos, Japón y Latinoamérica. Fundador de TEKDI y autor de 16 libros. Pero si algo lo define no es su currículum, sino su capacidad para ver lo que viene… y construirlo antes que nadie.
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