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Cómo la Ciencia de la Respiración Decide tu Nivel de Coherencia y Rendimiento


28 de febrero | Por Juan Merodio

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Hola, qué tal. Me alegra mucho que estés hoy aquí, al otro lado, porque lo que vamos a tratar hoy no es solo un tema de salud; es, posiblemente, la actualización de software más importante que puedes hacerle a tu propio cuerpo.

A menudo hablamos de optimización, de inteligencia artificial, de cómo tomar mejores decisiones estratégicas en nuestros negocios o de cómo escalar nuestra marca personal. Pero pocas veces nos detenemos a mirar la «API» que conecta nuestra mente consciente con nuestras funciones automáticas. Esa interfaz es tu respiración.

Piénsalo un segundo. Respirar es algo que haces unas 25.000 veces al día sin pensar. Pero, ¿y si te dijera que la mayoría de nosotros lo estamos haciendo mal? ¿Y si te dijera que la forma en la que inhalas y exhalas ahora mismo está determinando si esta noche vas a dormir bien, si mañana vas a tener claridad mental o si, a largo plazo, vas a desarrollar problemas de salud que podrías evitar hoy mismo?

Quiero empezar este episodio planteándote una pregunta incómoda, de esas que nos obligan a mirarnos al espejo: ¿Cuándo fue la última vez que fuiste consciente de tu respiración mientras trabajabas? Seguramente, si eres como yo hace unos años, la respuesta es «nunca». O peor aún, quizás te pase lo que la ciencia llama «apnea del email»: ese momento en el que abres la bandeja de entrada, te concentras tanto que, literalmente, dejas de respirar o lo haces de forma superficial, disparando tu presión arterial y tus niveles de estrés sin darte cuenta.

En este episodio vamos a desgranar toda la investigación y las experiencias que James Nestor ha recopilado tras años de sumergirse en lo que él llama «la ciencia perdida de un arte olvidado». No vamos a hablar de humo; vamos a hablar de biología, de coherencia y de cómo pequeños ajustes mecánicos en tu cuerpo pueden generar resultados masivos en tu rendimiento.

breathwork

 

El punto de ruptura: Cuando lo «saludable» no es suficiente

Para entender por qué esto es tan relevante para ti hoy, tengo que contarte la historia que llevó a esta investigación. Imagina a alguien que lo hace todo «bien»: come comida sana, hace ejercicio de forma constante, duerme sus ocho horas. Ese era el perfil de James hace unos doce años. Vivía en San Francisco, surfeaba, cuidaba su cuerpo… y, sin embargo, estaba constantemente enfermo.

Neumonía tras neumonía, bronquitis crónica, infecciones respiratorias que no se iban. Iba al médico y, como nos pasa a muchos, la respuesta era una receta de antibióticos, el famoso «Z-pack». Lo tomaba, se sentía mejor un tiempo, y luego el ciclo empezaba de nuevo. Hasta que llegó un punto en el que el problema era tan evidente que podía oírse a sí mismo respirar mientras trabajaba o hacía ejercicio. Había algo profundamente roto en su respiración.

Fue una doctora amiga suya quien le dio el consejo que lo cambió todo: «Tienes que trabajar en tu respiración». Al principio, él se mostró escéptico. Vivía en San Francisco, estaba rodeado de tendencias «new age», y la idea del breathwork le sonaba a algo místico sin base real. Pero cuando probó un taller de Sudarshan Kriya, algo hizo «clic».

La reacción fisiológica fue tan violenta, en el buen sentido, que fue imposible ignorarla. Sudó a través de su ropa, sus calcetines terminaron empapados, incluso su pelo estaba mojado, y todo esto ocurrió simplemente sentado en una habitación fría y oscura, respirando con un ritmo determinado. En ese momento entendió que no era un efecto placebo; era un interruptor biológico que acababa de encenderse. Y si ese interruptor existía, él, como investigador, tenía que entender cómo funcionaba.

 

Maurice Dubard: El pionero de los Alpes

Para entender la profundidad de esto, tenemos que mirar hacia atrás, a personas que estuvieron décadas por delante de su tiempo. En el texto base aparece una figura fascinante: Maurice Dubard.

Imagina a un hombre de 93 años que pasaba horas en la nieve y nadaba en lagos congelados en los Alpes franceses. Mucha gente pensaría inmediatamente en Wim Hof, pero Dubard fue su predecesor. Él llevaba haciendo esto durante 50 o 60 años. Lo más increíble no es su resistencia al frío, sino cómo llegó ahí.

De niño, Dubard estaba extremadamente enfermo. Tenía infecciones pulmonares graves y trastornos respiratorios tan severos que los médicos iban a extirparle una gran parte de sus pulmones. En los años 50, eso era una sentencia de por vida. Pero un misionero que venía de Oriente le habló de algo llamado «yoga» y le enseñó técnicas de respiración. Dubard decidió posponer la cirugía y probar.

No solo se rehabilitó, sino que desarrolló lo que solo se puede describir como una fuerza sobrehumana. A los 71 años, recorrió el Himalaya en bicicleta a 5.000 metros de altura. Podía estar sentado en agua helada durante 55 minutos o correr 150 millas bajo el sol del Sahara.

¿Cómo es posible? La respuesta nos lleva a un concepto que quiero que analicemos hoy: el Tumo.

 

El Marco Conceptual: Tumo y el calor interno

El Tumo es una práctica antigua de los budistas Bon que permite generar calor en el cuerpo y almacenarlo. Para los monjes en el Himalaya, esto no era un ejercicio de bienestar, era una técnica de supervivencia.

En el texto se diferencian dos tipos de Tumo:

  1. El Tumo tradicional: Donde respiras muy lentamente, reduces tu metabolismo y, paradójicamente, la temperatura de tu cuerpo sube. Es casi un secreto guardado bajo llave en los monasterios.
  2. El «Tumo light» (estilo Wim Hof): Que consiste en hiperventilaciones intensas seguidas de retenciones de aire (apneas), creando una presión interna en el cuerpo.

Nestor explica esto con una analogía muy visual: tu diafragma es como un pistón. Al realizar estas respiraciones profundas y crear presión, estás generando una compresión mecánica que eleva la temperatura corporal de forma drástica. Es tan real que puedes ver a monjes secando sábanas mojadas sobre sus espaldas desnudas en medio del frío extremo.

Pero aquí está la clave para nosotros, los que no vivimos en una cueva en el Tíbet: estas técnicas demuestran que tenemos un control consciente sobre nuestro sistema nervioso autónomo. La respiración es el control remoto de tu fisiología.

 

El estado de Coherencia: El 5.5 por 5.5

Si el Tumo te parece demasiado extremo para tu día a día, quiero introducirte a un concepto mucho más sutil pero igual de potente: la Coherencia Respiratoria.

Hace unos 22 años, unos investigadores en Italia empezaron a analizar diferentes oraciones y cánticos religiosos de distintas culturas. Estudiaron el mantra budista Om Mani Padme Hum y el ciclo del rosario católico. Descubrieron algo asombroso: todas estas prácticas requerían que la persona exhalara durante unos 5 o 6 segundos, seguida de una inhalación lenta de otros 5 o 6 segundos.

Cuando miraron qué pasaba en los cuerpos de estas personas, se quedaron perplejos. Todos los sistemas del cuerpo —el ritmo cardíaco, la presión arterial, la variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV)— entraron en un estado de sincronía perfecta. A esto lo llamaron respiración coherente.

Este patrón de 5.5 segundos de inhalación y 5.5 segundos de exhalación (aproximadamente 5.5 respiraciones por minuto) es el estado para el que tu cuerpo fue diseñado para funcionar con la máxima eficiencia. Es el punto donde el corazón y el cerebro están en comunicación óptima.

 

La paradoja del CO2 y el rendimiento cognitivo

Aquí es donde esto se conecta directamente con tu trabajo y tus decisiones estratégicas. Solemos pensar en el dióxido de carbono (CO2) como un desecho, algo malo que tenemos que expulsar. Pero el texto nos revela una realidad muy diferente y bastante alarmante sobre nuestros entornos de trabajo.

Pasamos el 90% de nuestro tiempo en interiores. Nestor empezó a viajar con un monitor de CO2 (el Aeronet 4) para medir la calidad del aire en oficinas, aviones y hoteles. Lo que encontró es terrorífico.

En el exterior, el CO2 está a unas 424 partes por millón (ppm). Pero en interiores, cuando el aire no circula bien, esos niveles se disparan. Según estudios citados por Nestor, cuando el CO2 llega a 1.500 ppm (el triple de lo normal), las puntuaciones en pruebas cognitivas pueden caer un 50%. ¡Un 50%!

Si estás en una oficina cerrada, o en una sala de reuniones que se siente «pesada», literalmente te estás volviendo más tonto minuto a minuto. A 2.500 ppm, aparecen los dolores de cabeza, la migraña crónica y una caída aún mayor en la capacidad de decisión.

¿Te has preguntado alguna vez por qué te sientes agotado después de un vuelo de 4 horas? No es solo el jet lag. Nestor midió que en casi todos los vuelos, los niveles de CO2 superan las 2.500 ppm. Estás respirando el «retrolavado» de aire de cientos de personas, con niveles bajísimos de oxígeno y altísimos de CO2. Tu cerebro, en ese entorno, está operando en modo de supervivencia, no en modo estratégico.

 

El peligro silencioso en los hoteles «Premium»

Incluso hay un punto de ironía empresarial aquí. Nestor descubrió que los hoteles con certificaciones ecológicas o de lujo suelen tener la peor calidad de aire. ¿Por qué? Porque para ahorrar en calefacción y aire acondicionado (que supone el 50% de sus costes de mantenimiento), sellan las ventanas herméticamente y recirculan el aire.

Él ha llegado a registrar 2.800 ppm de CO2 al despertar en una habitación de un hotel de lujo. Si eres un ejecutivo o un emprendedor que viaja mucho, esto es un golpe directo a tu rendimiento. Estás pagando por una habitación que está mermando tu capacidad de ejecutar al día siguiente.

Pero ahora quiero que entremos en un terreno mucho más personal y, sinceramente, más urgente. Vamos a hablar de lo que ocurre cuando cerramos los ojos por la noche.

Si eres padre, o si simplemente te importa tu propia claridad mental, presta mucha atención a esto. James Nestor menciona algo que, cuando lo escuchas por primera vez, te revuelve un poco las entrañas. Existe un solapamiento casi perfecto, un diagrama de Venn que es prácticamente un círculo, entre dos poblaciones: los niños diagnosticados con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) y los niños que tienen trastornos respiratorios durante el sueño.

La revelación de los investigadores con los que James ha hablado es demoledora: muchos de esos niños no tienen un problema neurológico; tienen un problema de falta de sueño provocado por su forma de respirar. Y lo que James califica de «criminal» es que, cuando un niño presenta síntomas de TDAH, casi nunca se le evalúa la respiración o la calidad del sueño. Directamente se le medica y se le envía a casa. Estamos tratando como una condición mental lo que, en muchos casos, es una disfunción biológica básica.

 

El diagnóstico en casa: ¿Cómo respira tu hijo?

A veces pensamos que para saber si algo va mal necesitamos un laboratorio de sueño carísimo con cables por todas partes. Y sí, eso existe, pero a menudo los laboratorios de sueño pueden sesgar el resultado: el niño no duerme bien en un entorno extraño, le dan pastillas para dormir, y eso altera aún más su respiración.

James nos propone algo mucho más sencillo y directo que puedes hacer tú mismo esta noche. No necesitas ser médico, solo necesitas observar:

  1. Observación diurna: Mira a tu hijo durante el día. ¿Tiene la boca abierta a menudo? No tiene por qué ser todo el tiempo, pero si lo notas con frecuencia, ya tienes la primera señal de alerta.
  2. La prueba del espía nocturno: Cuando tu hijo se duerma, entra en su habitación en silencio y simplemente escucha. Si puedes oír su respiración, tu hijo está luchando por respirar.
  3. La boca abierta al dormir: Si duerme con la boca abierta, su cuerpo está en modo de supervivencia.

Respirar por la boca mientras dormimos no es una «anécdota». Tiene consecuencias físicas reales y graves: inhibe el crecimiento físico, puede causar daños neurológicos en el cerebro en desarrollo, aumenta drásticamente las posibilidades de desarrollar diabetes más adelante y genera una lista interminable de problemas de salud. No intento ser alarmista, esto es ciencia básica y fácil de comprobar. Si no hay sueño de calidad, el cuerpo no puede repararse ni sanar.

 

El «Hostage Tape» y la revolución del esparadrapo

Aquí es donde la historia se pone interesante y, para algunos, un poco extraña. James cuenta la historia de un amigo suyo, un batería profesional de élite, que le envió un paquete de lo que él llamaba «cinta de rehén» (Hostage Tape). Básicamente, es una cinta diseñada para sellar la boca durante la noche. Este músico afirmaba que le había cambiado la vida por completo.

Parece una locura, ¿verdad? Ponernos cinta en la boca para dormir suena a película de terror o a una situación de secuestro. Pero la lógica detrás es irrebatible: el objetivo es convertirte en un respirador nasal obligado.

Nuestra nariz no está ahí solo para oler; es un sistema de filtrado, calentamiento y presurización de aire ultra sofisticado. Cuando respiras por la boca, te saltas todo ese sistema de optimización. Para un niño, o para ti, el primer paso para reducir los síntomas de fatiga, falta de foco o incluso problemas de conducta, es cerrar la boca.

James menciona un producto llamado Myotape (desarrollado por Patrick McKeown). A diferencia de la cinta de «rehén» que cubre los labios, esta es una cinta que rodea la boca y, mediante una ligera tensión elástica, entrena al niño (o al adulto) para mantener los labios juntos. No le impide abrir la boca si lo necesita, pero cuando el músculo se relaja al entrar en sueño profundo, la cinta mantiene la vía nasal como la vía principal.

Los resultados que James ha documentado de padres que han aplicado esto son, sencillamente, asombrosos. Niños de 10 u 11 años que dejaban de mojarse en la cama de inmediato. Síntomas de TDAH que desaparecían en apenas dos semanas. Parece «charlatanería», pero si entiendes la fisiología, tiene todo el sentido del mundo: si dejas de luchar por el aire cada noche, tu sistema nervioso finalmente puede salir del modo de «lucha o huida» y entrar en el modo de reparación.

 

Mi propia experiencia con la cinta de sueño

James mismo era un respirador bucal nocturno, igual que lo fui yo durante mucho tiempo. Su camino hacia la cinta de sueño empezó en la Universidad de Stanford, entrevistando al Dr. Nayak, un líder en cirugía de nariz y garganta. Allí conoció a una terapeuta respiratoria que tenía un rollo de cinta en su escritorio. Ella le dijo: «Se lo receto a todo el mundo».

Al principio, James pensó que era algo totalmente «wacko» (chiflado). Pero decidió probarlo. Y aquí es donde quiero darte un consejo estratégico basado en su aprendizaje: no intentes ser un héroe la primera noche.

James admite que las primeras dos semanas fueron terribles. Te sientes atrapado, te despiertas arrancándote la cinta, es incómodo. Su recomendación es hacer una transición gradual:

  • Día 1: Ponte la cinta 10 minutos mientras respondes correos electrónicos.
  • Día 2: Póntela 20 minutos.
  • Día 3: Llévala durante una hora mientras trabajas.
  • Cuando te sientas cómodo con ella estando despierto, pruébala en una siesta corta de 15 minutos.
  • Solo entonces, úsala toda la noche.

James lleva siete años usándola casi todas las noches. Incluso cuando se va de acampada, la lleva. Dice que si se le olvida en un viaje, es capaz de salir a las 12:30 de la noche a buscar una tienda que venda cinta de embalar si hace falta. La diferencia en su calidad de sueño, medida por sus propios dispositivos y su rendimiento diario, es tan grande que no concibe dormir sin ella.

 

La alternativa fallida: El problema de las máquinas CPAP

Quizás te estés preguntando: «¿Y qué pasa con las máquinas CPAP?». Ya sabes, esas máscaras tipo «Darth Vader» que soplan aire a presión para evitar la apnea. James toca un punto muy real aquí: la falta de cumplimiento.

Mucha gente, incluyendo familiares cercanos de James, tienen máquinas CPAP cogiendo polvo en la mesita de noche. El 50% de las personas a las que se les prescribe una CPAP dejan de usarla en las primeras ocho semanas. Es una solución invasiva, incómoda y que, en algunos casos, según James, puede incluso empeorar la mecánica respiratoria a largo plazo porque no trata la raíz del problema: la disfunción de la respiración nasal.

La cinta de sueño es la solución de «bajo coste y alto impacto» que la mayoría de la gente ignora porque parece demasiado simple para ser verdad. Pero en estrategia, a veces la solución más simple es la más efectiva porque es la que realmente puedes ejecutar de forma consistente.

 

Midiendo el «backwash» de aire

Antes de cerrar este bloque, quiero conectar esto con lo que hablábamos del CO2. James nos advierte que no solo se trata de cómo respiras, sino de qué estás respirando mientras duermes.

Si duermes en una habitación pequeña con la puerta y las ventanas cerradas, para la mitad de la noche los niveles de CO2 habrán subido tanto que tu cerebro empezará a enviar señales de estrés. Te despertarás sintiéndote «resacoso» o cansado, no porque no hayas dormido suficientes horas, sino porque has estado respirando tu propio aire reciclado, lo que James llama el «backwash» (el retrolavado) de tu propia respiración.

Su consejo es claro: abre la ventana. Aunque sea solo unos centímetros. La mayoría de los hoteles modernos tienen las ventanas selladas para ahorrar costes, pero James insiste en que, siempre que sea posible, debemos priorizar la entrada de aire fresco sobre la temperatura perfecta. Si estás en una ciudad como Nueva York o Chicago, incluso con el ruido, el beneficio del aire fresco suele superar el daño de dormir en una caja sellada con 3.000 ppm de CO2.

Es fascinante cómo algo tan básico como cerrar la boca y abrir una ventana puede ser la diferencia entre un día de alto rendimiento y un día perdido en la niebla mental.

Pero la respiración no solo afecta al sueño y al cerebro; también es la clave maestra para el rendimiento físico de élite. En el próximo bloque, quiero que hablemos de los atletas de alto nivel. ¿Cómo es posible que un surfista de olas gigantes como Laird Hamilton utilice la respiración para superar los límites de lo humano? Vamos a descubrir qué es el Bolt Score y cómo puedes usarlo tú para medir tu eficiencia biológica en menos de un minuto.

Si hay un grupo de personas que no tiene miedo a la incomodidad o al esfuerzo físico extremo con tal de ganar una ventaja competitiva, esos son los atletas de élite. Pero aquí hay una paradoja increíble que James Nestor descubrió en su investigación: podrías pensar que los mejores deportistas del mundo son los mejores «respiradores» del mundo, ¿verdad? Pues la realidad es que la gran mayoría son tan disfuncionales en su respiración como cualquier otra persona.

Han aprendido a empujar a través del dolor para ganar el juego, pero eso no significa que estén respirando correctamente. De hecho, muchos de ellos están desperdiciando una cantidad ingente de energía simplemente por no saber usar su «maquinaria» interna.

 

El ejemplo de Laird Hamilton: La supervivencia como motor

Hablemos de una leyenda: Laird Hamilton. Si no conoces el nombre, es uno de los reyes del surf de olas grandes, el hombre que popularizó el tow-in surfing. Tiene 60 años, pero James dice que parece que tuviera 30. ¿Su secreto? Un enfoque obsesivo en la respiración.

Para un surfista de olas grandes, el entrenamiento no es solo una cuestión de estética o de fuerza; es una cuestión de vida o muerte. Si te caes en una ola gigante y no tienes control sobre tu respiración y tus apneas, mueres. Punto. Por eso, Laird entrena de formas que para el común de los mortales parecerían tortura.

Nestor describe haberlo visto en una assault bike (esas bicicletas donde también mueves los brazos), haciendo retenciones de aire tras una exhalación profunda, empujando hasta el límite absoluto, casi hasta el punto de perder el conocimiento y caerse de la bicicleta. Ojo: no estoy sugiriendo que nadie haga esto en casa. Lo menciono para que entiendas el nivel de compromiso que tienen los que operan en la frontera de lo humano. Ellos saben que la respiración es el combustible real, no solo el oxígeno que entra, sino cómo el cuerpo gestiona lo que ya tiene.

 

El diafragma: El pistón olvidado

Para entender por qué los atletas (y tú, cuando estás bajo presión) suelen fallar, tenemos que hablar de la biomecánica. Nestor explica que el diafragma es un músculo-órgano situado debajo de los pulmones. Su funcionamiento es sencillo en teoría: cuando inhalas, el diafragma baja; cuando exhalas, se relaja y sube.

Sin embargo, la mayoría de la gente —incluidos los atletas— practica lo que se llama «respiración torácica». Solo respiran con la parte superior del pecho. Esto es un desastre en términos de eficiencia por varias razones:

  1. Gasto energético: Al tomar respiraciones cortas y superficiales, te obligas a respirar muchas más veces por minuto.
  2. Ritmo cardíaco: Esa respiración rápida dispara tus pulsaciones.
  3. Matemática biológica: Si en lugar de respirar 40, 60 o 100 veces por minuto pudieras respirar solo 10 o 20 de forma profunda y eficiente, tu ritmo cardíaco bajaría. Esto significa que tu tolerancia al esfuerzo sube y tu tiempo de recuperación baja.

Es pura física aplicada al cuerpo. Si usas el diafragma como un pistón potente, oxigenas tu cuerpo con mucho menos esfuerzo. Por eso, cuando ves a alguien como LeBron James entre jugadas, no lo ves jadeando desesperado con la boca abierta. Lo ves haciendo trabajo de respiración, a veces incluso respiración alternada por las fosas nasales, controlando su diafragma para resetear su sistema nervioso en segundos.

 

El BOLT Score: Tu termómetro de eficiencia biológica

Ahora, quiero que hagamos una pausa práctica. James Nestor menciona una herramienta que me parece brillante por su simplicidad: el BOLT Score (Body Oxygen Level Test o Prueba de Nivel de Oxígeno Corporal). Es una forma de medir tu tolerancia al dióxido de carbono y tu eficiencia respiratoria.

Vamos a hacerlo ahora mismo, estés donde estés (a menos que estés conduciendo o en el agua, por favor). Sigue estos pasos:

  1. Relaja los hombros. Relaja el espacio entre tus ojos. Relaja la lengua.
  2. Respira normal, solo por la nariz. Inhala y exhala tranquilamente dos o tres veces.
  3. Después de una exhalación natural (no forzada), tapa tu nariz con los dedos y pon en marcha un cronómetro.
  4. Mantén el aire fuera hasta que sientas el primer impulso real de respirar.

Importante: No es una competición. No se trata de ver cuánto aguantas hasta ponerte azul. En cuanto sientas que tu diafragma tiembla, que tragas saliva o que el impulso de respirar es evidente, detén el cronómetro.

Ese número de segundos es tu BOLT Score.

  • Si tu puntuación es baja, significa que tu cuerpo es muy sensible al CO2 y que probablemente respiras más de lo necesario.
  • Lo asombroso es que, con práctica, James dice que puedes ver cómo este número se duplica o triplica en apenas unas semanas.

A medida que mejoras tu BOLT Score, notas que tu ritmo cardíaco baja, tu variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV) mejora y tu resistencia física aumenta drásticamente. Es el indicador definitivo de que estás aprendiendo a usar el aire de forma estratégica.

 

La «Apnea del Email» y el entrenamiento en el escritorio

Esto no solo aplica a los que corren maratones. James introduce un concepto que me voló la cabeza: la apnea del email. Se estima que un porcentaje altísimo de nosotros dejamos de respirar o respiramos de forma disfuncional cuando estamos muy concentrados trabajando.

Cuando te enfocas intensamente en una tarea difícil o te estresas con un correo electrónico, tu cuerpo entra en una respuesta de «lucha o huida». Contienes el aliento, tu presión arterial sube y terminas el día con un dolor de cabeza tensional sin saber por qué.

Para combatir esto, Nestor utiliza y menciona un dispositivo llamado Relaxator. Es una especie de «chupete para adultos» (como él bromea) que fue desarrollado por Anders Olsen, un experto sueco en respiración consciente. Es un pequeño aparato que te cuelgas al cuello y que ofrece una ligera resistencia a la exhalación.

James lo usa mientras escribe. Al tener esa resistencia en la boca, el dispositivo obliga a que la exhalación sea mucho más larga que la inhalación, lo que pone al cuerpo automáticamente en un estado parasimpático (de relajación y enfoque). Es una forma de entrenar tu biomecánica respiratoria mientras eres productivo.

 

Desbloqueando la «armadura» respiratoria

A veces, el problema no es que no sepas cómo respirar, sino que tu cuerpo está físicamente bloqueado. James sugiere que, para muchas personas, especialmente las de mayor edad, la caja torácica se vuelve rígida y los músculos respiratorios se atrofian.

Él recomienda encarecidamente trabajar con fisioterapeutas o masajistas que sepan cómo «liberar» el diafragma y los músculos intercostales. Es como quitarle el óxido a un motor que lleva años sin usarse a plena capacidad. También existen los entrenadores de músculos inspiratorios, que son dispositivos que crean resistencia para fortalecer el diafragma, funcionando de forma similar a como un «donut» de peso funciona en un bate de béisbol: entrenas con peso para que, cuando te lo quites, el movimiento natural sea ligero y potente.

Hemos pasado de la supervivencia extrema de los surfistas a la optimización de nuestro trabajo diario en el escritorio. La respiración es, claramente, la palanca que mueve todo lo demás.

Pero hay un aspecto de la vida de James Nestor que me fascina y que tiene que ver con cómo se construye una carrera basada en la curiosidad radical. En el próximo bloque, quiero que hablemos de su proceso creativo. ¿Cómo pasas de tener un borrador de 290.000 palabras (que él mismo define como «basura») a escribir un bestseller mundial de 85.000? Vamos a hablar de la disciplina de la escritura, de por qué el «bloqueo del escritor» es una excusa y de cómo encontrar la estructura en medio del caos.

 

Hemos hablado de la biología, de la eficiencia y de cómo hackear nuestro sistema nervioso. Pero ahora quiero que demos un giro de 180 grados y miremos hacia adentro, hacia el proceso de creación. Porque, al final del día, todos somos creadores de algo: de un negocio, de una estrategia, de una marca o, en el caso de James Nestor, de un libro que ha cambiado la conversación global sobre la salud.

¿Cómo se gestiona el caos cuando tienes un proyecto masivo entre manos? ¿Cómo pasas de una idea abstracta a un producto final que impacte a millones? El viaje de James no fue un camino de rosas, y creo que su experiencia como estratega de su propia carrera nos da lecciones valiosas sobre el riesgo, la disciplina y la honestidad intelectual.

 

El mito del «artista precioso» y la realidad del negocio

James empezó en el mundo corporativo. Era un miembro respetado de «Corporate America», con un buen sueldo, una casa y una carrera estable. Pero, como nos pasa a muchos, sentía que faltaba algo. Su vía de escape eran las noches y los fines de semana, donde escribía artículos para revistas. Le fascinaba porque era la excusa perfecta para «llamar a puertas que normalmente no abriría» y hablar con gente fuera de lo común.

Aquí es donde entra una institución clave en su formación: el San Francisco Writers Grotto. Era un colectivo de escritores profesionales, gente que realmente vivía de esto. Y James confiesa que aprendió allí una lección que a muchos creativos les cuesta digerir: tienes que dejar de ser un «artista precioso» y empezar a ver tu trabajo como un negocio.

Al principio, James pensaba que su arte era algo puro que no debía contaminarse con la mentalidad empresarial. Pero en el Grotto le dieron un golpe de realidad. Le enseñaron la parte pragmática: cómo encontrar un agente, cómo negociar con una editorial, cómo manejar a un editor difícil. Le enseñaron que, si quieres que tu mensaje llegue lejos, tienes que entender la maquinaria que lo mueve. No puedes sentarte en un rincón y esperar a que el mundo te descubra por ser un «introvertido con talento». Tienes que tomar las riendas de la promoción, de las relaciones y de la estrategia de mercado.

 

El fin del bloqueo del escritor: Una cuestión de supervivencia

Hay un tema que siempre surge cuando hablamos de creación de contenido: el famoso «bloqueo del escritor». James tiene una opinión muy firme al respecto, y reconozco que resuena mucho con mi forma de ver el trabajo estratégico.

Para él, el bloqueo del escritor es un «escape conveniente» para la gente que quiere una excusa para no trabajar o para llamar la atención en las fiestas. Según su experiencia, ningún escritor profesional que dependa exclusivamente de su escritura para pagar la hipoteca ha tenido jamás bloqueo del escritor.

¿Por qué? Porque cuando no tienes otra fuente de ingresos, cuando has «cortado el cordón umbilical» con el mundo corporativo, el bloqueo no es una opción. James cuenta que hubo días en los que no estaba inspirado, días en los que la «musa» no aparecía por ninguna parte. Pero su respuesta era siempre la misma: «No me levanto de esta silla en las próximas cuatro horas hasta que produzca lo que tengo que producir».

La disciplina no es esperar a que llegue la inspiración; la disciplina es crear el espacio para que la inspiración te encuentre trabajando. El «preciosismo» alrededor de la escritura es, según Nestor, un lujo de los aficionados. Los profesionales escriben porque es su trabajo, y ese sentido de urgencia financiera es, a menudo, el mejor motor creativo que existe.

 

El salto al vacío y el naufragio de 2009

La decisión de James de dedicarse al 100% a la escritura no fue un plan maestro cuidadosamente calculado. Fue lo que él llama una «respuesta animal».

Estaba en su revisión de desempeño de cuarto año en su trabajo corporativo. Su jefe le estaba diciendo lo bien que lo hacía, hablando de planes futuros… y de repente, James sintió un nudo en el estómago. Sin haberlo planeado, escuchó sus propias palabras diciendo: «¿Sabes qué? Lo dejo. No puedo seguir haciendo esto». Fue una reacción visceral de supervivencia emocional.

Salió de allí con la idea de «comerse el mundo», y entonces llegó la realidad: era el año 2009. El mundo financiero estaba implosionando. Sus contratos con revistas desaparecieron. Las editoriales cancelaron proyectos. Pasó un par de años viviendo historias de terror, perdiendo contratos y navegando en una incertidumbre absoluta.

¿Qué le mantuvo en pie? El hecho de que no había vuelta atrás. Había descubierto un estilo de vida y una vocación que, aunque peligrosa y precaria, le hacía sentir vivo. Sabía que si no lo intentaba en ese momento, con la edad que tenía, no lo haría nunca. La incomodidad fue su mayor maestra.

 

El momento del «clic»: Los buceadores de Grecia

El punto de inflexión llegó cuando la revista Outside lo envió a cubrir el Campeonato Mundial de Apnea (buceo libre) en Grecia. Allí, sentado en la proa de un barco, vio a seres humanos hacer lo que técnicamente debería ser imposible: bajar a 100 metros de profundidad con una sola bocanada de aire, estar cuatro minutos bajo el agua y volver a la superficie como si nada.

En ese momento, sintió un escalofrío. Supo que había algo mucho más grande que una simple noticia deportiva. Escribió el artículo, tuvo un gran impacto y eso le consiguió su primer contrato importante para un libro.

Pero —y aquí viene otra lección de humildad estratégica— ese primer libro no fue el éxito que la editorial esperaba. Le dieron un avance generoso, pero cuando el libro salió y no hizo un «estallido» en las primeras dos semanas, la editorial simplemente le dio la espalda. Su editor dejó de devolverle las llamadas. Se sintió abandonado en el momento en que más necesitaba apoyo para la promoción.

Ese «fracaso» inicial fue lo que le enseñó que no podía confiar solo en los demás para el éxito de su obra. Aprendió que para su siguiente proyecto, Breath, tendría que ser el CEO de su propio libro: contrataría su propia agencia de PR, gestionaría su propia marca y no esperaría a que nadie le salvara.

 

Cómo esculpir 290.000 palabras de caos

Cuando James empezó a escribir Breath, se enfrentó a un monstruo. Tenía tanta información, tantas entrevistas con dentistas, neumólogos y «weirdos» de la respiración, que su borrador llegó a las 290.000 palabras. Para que te hagas una idea, el libro final tiene unas 85.000.

Tenía un bloque de granito inmenso y no sabía cómo encontrar la escultura dentro. Su mujer le veía investigar en las catacumbas de París, viajar por todo el mundo, hablar con expertos que parecían no tener nada que ver entre sí… y le preguntaba: «¿Pero esto no era un libro sobre respirar?». Él decía que sí, pero en el fondo no tenía ni idea de cómo iba a encajar las piezas del puzle.

La solución fue una combinación de aislamiento y arquitectura externa:

  1. El refugio en el bosque: Se alquiló una casa en mitad de la nada. Sin Starbucks, sin tiendas, sin distracciones. Descubrió que el aburrimiento es la musa más potente. Cuando no tienes nada más que hacer, te obligas a mirar el «Matrix» de tu propia historia hasta que empiezas a ver los patrones.
  2. El esqueleto narrativo: Aquí fue fundamental la intervención de su agente y su editor. Él tenía mucha información, pero no tenía una historia. Ellos identificaron el «hilo conductor»: su experimento de 20 días en Stanford, donde pasó 10 días respirando solo por la boca y 10 días solo por la nariz.

Originalmente, James pensaba que ese experimento serían dos o tres párrafos al final del libro. Pero sus mentores le dijeron: «No, esa es tu historia. Cuenta todo el libro a través de esos 20 días». Esa decisión estratégica transformó un montón de datos en una narrativa absorbente. Una vez que tuvo el plano (el esqueleto), el resto fue «trabajo mecánico». Ya sabía dónde poner cada ladrillo.

 

La honestidad del proceso

James reconoce que este proceso le llevó a incumplir plazos durante más de un año. Pasó años sin recibir un sueldo, trabajando 24/7 en este proyecto. Fue una apuesta de «todo o nada».

Y lo que quiero que extraigas de esto es que, tanto en la respiración como en la creación de proyectos de largo formato, la profundidad requiere tiempo y una disposición absoluta a estar equivocado antes de estar en lo cierto. James no es un gurú que lo sabía todo desde el principio; es un investigador que estuvo dispuesto a ser el conejillo de indias de su propia teoría para poder contarla con autoridad.

 

Para cerrar este episodio, quiero que miremos hacia el horizonte. Hemos pasado por la historia, por la biología aplicada al deporte y por las trincheras de la creación de contenido. Pero, ¿qué significa todo esto para nuestro futuro? Como emprendedor, siempre estoy buscando dónde está la siguiente frontera, cuál es la tendencia que realmente va a mover la aguja, y tras analizar la investigación de James Nestor, tengo claro que esa frontera no es química, sino eléctrica y mecánica.

 

La era de la Medicina Eléctrica y las Frecuencias

James menciona algo que resuena profundamente con mi visión de la tecnología y la innovación: hemos agotado el modelo de los químicos. No me malinterpretes, los químicos son fantásticos y han salvado millones de vidas, pero estamos llegando a un punto de saturación. La nueva frontera de la salud, y por tanto del rendimiento estratégico, está en la bioelectricidad.

Nestor nos introduce en un mundo que hace 30 años se consideraba «charlatanería» pero que hoy es ciencia de vanguardia. Habla de los PEMF (Campos Electromagnéticos Pulsados). Él mismo viaja con un dispositivo de origen soviético, del tamaño de una Atari antigua, que emite frecuencias específicas para la regeneración y el equilibrio cardiovascular y respiratorio.

Menciona a investigadores como el Dr. Kevin Tracy, experto en la estimulación del nervio vago, y al profesor Michael Levin en Tufts. Lo que están descubriendo es fascinante y parece sacado de la ciencia ficción: usando frecuencias eléctricas, han logrado que a una salamandra le crezcan dos cabezas o que a un animal le crezca un ojo en la espalda.

¿Qué tiene esto que ver contigo? Mucho. Si podemos influir en la regeneración de tejidos de un anfibio mediante frecuencias, imagina lo que estamos haciendo a nuestro propio cuerpo con las frecuencias a las que nos exponemos a diario y, sobre todo, con la frecuencia de nuestra propia respiración. La respiración es, en esencia, una forma de modular el campo eléctrico de tu cuerpo. Al entrar en ese estado de coherencia de 5.5 segundos que mencionamos antes, estás ajustando tu «voltaje» interno para que funcione sin interferencias.

 

El «Kit de Supervivencia» del Estratega Moderno

Me gusta mucho la honestidad de James cuando admite que, con los años, se ha convertido en uno de esos «hipocondríacos» que viajan con una maleta llena de gadgets. Pero si lo analizas desde un punto de vista de ROI (Retorno de Inversión), tiene todo el sentido del mundo.

Si tu cuerpo es tu principal activo de negocio, ¿por qué no protegerlo con la mejor tecnología disponible? Su kit de viaje incluye:

  • Luces rojas nocturnas: Para no romper el ritmo circadiano en hoteles.
  • Monitor de CO2: Para saber cuándo el aire de la habitación está mermando su cerebro.
  • Cinta de sueño: Innegociable.
  • El «Granny Pack» de suplementos: James bromeaba sobre lo ridículo que se veía con esos organizadores de pastillas semanales, pero ahora los defiende a muerte. Es una cuestión de eficiencia operativa.

En su «pack de emergencia» y diario, James destaca elementos como la Vitamina D, K2, E y A, además de CoQ10 y Nattokinase. Aquí hay un detalle interesante para los más valientes: la Nattokinase proviene del Natto, un plato japonés de soja fermentada. James intentó comerlo de forma natural para evitar las pastillas, pero confiesa que la textura «viscosa y filamentosa» es un reto incluso para los más duros. Es un recordatorio de que, a veces, la tecnología (en forma de suplemento) es el puente necesario cuando la vida moderna nos impide obtener lo que nuestros ancestros conseguían de forma natural.

 

El peligro de la «Cultura del Breathwork»

Quiero terminar con una reflexión crítica que hace James y que me parece fundamental para no perder el foco. Hoy en día, el breathwork está de moda. Hay retiros carísimos, joyas para respirar, moda específica… se ha creado una barrera de complejidad alrededor de algo que es un derecho de nacimiento.

James hace una analogía gastronómica muy potente: ir a clases de breathwork es como ir a una escuela de cocina y aprender solo a hacer postres. El breathwork intenso (como el estilo Wim Hof) es el postre: es fantástico, es potente, tiene su lugar. Pero la «comida nutritiva», el plato principal, es cómo respiras las otras 23 horas del día.

Es irónico ver a gente salir de una clase de respiración de 500 euros y, nada más cruzar la puerta, empezar a respirar por la boca mientras miran el móvil o quejarse de que roncan por la noche. El verdadero éxito no está en el evento extraordinario; está en la consistencia de lo ordinario. El objetivo no es hacer ejercicios de respiración increíbles; el objetivo es ser un respirador normal.

 

Conclusión: Volver a lo Natural

Si algo he aprendido preparando este episodio y analizando el trabajo de James Nestor, es que la mayor sofisticación estratégica consiste en volver a lo básico con una comprensión científica profunda.

No necesitas grandes inversiones para empezar hoy mismo. Tienes las herramientas en tu propio rostro:

  1. Cierra la boca: Convierte la respiración nasal en tu hábito por defecto, de día y de noche.
  2. Busca la coherencia: Practica ese ritmo de 5.5 segundos cuando sientas que el estrés te supera.
  3. Vigila tu entorno: No permitas que el CO2 nuble tu juicio. Abre una ventana, busca aire fresco.
  4. Optimiza tu sueño: Prueba la cinta de sueño (gradualmente) y fíjate en cómo cambia tu energía al día siguiente. Si dormir de espaldas te hace roncar, usa el truco de la pelota de ping-pong en la espalda de la camiseta para obligarte a dormir de lado. Es tecnología de bajo coste con resultados de alto nivel.

Como dice James al final de su charla: «Sé un poco más amable de lo necesario con los demás, pero también contigo mismo». A veces, esa amabilidad empieza por darle a tu cuerpo el oxígeno que necesita de la forma en que fue diseñado para recibirlo.

Espero que este viaje por la ciencia de la respiración te sirva no solo para mejorar tu salud, sino para darte esa ventaja competitiva y estratégica que surge cuando el cuerpo y la mente operan en perfecta sincronía.

Soy Juan Merodio, y esto ha sido una inmersión en la interfaz invisible que decide tu rendimiento. Nos escuchamos en el próximo episodio.

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Juan Merodio


Juan Merodio es conferenciante internacional y emprendedor en innovación, IA y negocio. Con más de 20 años creando y liderando empresas, ha impartido más de 1.000 conferencias en España, Estados Unidos, Japón y Latinoamérica. Fundador de TEKDI y autor de 16 libros. Pero si algo lo define no es su currículum, sino su capacidad para ver lo que viene… y construirlo antes que nadie.

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